Reflexión de invierno.

Hay veces que la vista se nubla, los problemas pesan más que de costumbre. La llama interna parece apagarse.. como si nos hubieran echado un baldazo de agua fría.

Hay días que mi alegría, esa que llevo puesta todos los días, necesita descansar. O se esconde de mi por un rato. Como la extraño! Detesto no vivir mis días así. Es que también debo entender, que sentirse cansado, caído, decepcionado, hasta un poco enojado, también es parte de vivir una vida completa, intensa, variada y rica.

Sé que un día así, no cambia mi esencia. También sé que es parte del equilibrio del universo tenerlo.

Pero como una nena que le niegan su dulce, así me pongo. Caprichosa. Testaturada. Molesta.

Que impotencia me da a mí, que elijo todos los días vivir mi vida positiva y alegre, que me toquen vivir estos días medios apagados, fríos, nublados… Ah! tal vez es por eso que nunca me ha gustado el invierno.

Mi fuego interno pide pausa. Saca el comodín y se resguarda de mi. Se esconde. Me enseña a vivir la vida desde otro lugar, también real. Me enseña a aceptarlo.. otra vez me dice que no puedo tener el control de todo, ni siquiera de el.

En estos momentos, respiro, tal vez, es momento de soltar alguna que otra lágrima pendiente que quedó por ahí.

Me hundo en mi cama y espero con mucha fe que mañana sea otro día.. Con más calor, con más sol, con más fuego, con más alegría. De esos que me gustan vivir.

En esos que me siento más yo que nunca.

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