Sentirlo y dejarlo ir.
Las emociones son como ese estuche de primeros auxilios que necesitamos cada vez que nos pasa algo. El problema es que nadie nos enseña cómo utilizarlo bien. Y muchas veces, peleamos contra ellas.
Cada vez que una emoción se precipita sobre mi, de manera intensa y brusca (porque así es la logica de su funcionamiento) a penas la detecto ya la quiero apagar. Me la quiero sacar de encima. Me armo toda una historia para no darle lugar. Y es muy curioso como, mientras más me peleó con ella, más insiste en volver. Más me demuestra que no puedo pelear conmigo misma. Que ella también es parte de mi. Es muy fácil decirlo pero la práctica es mil veces más compleja a mi entender.
Dar el lugar a sentir. Dar(me) el lugar a que esa sensación, por más que lógicamente no me agrade, o no este de acuerdo con ella, tenga su momento de ser. Porque si esta es por algo. Hay algo que quiere informarme, hay algo que no estoy viendo (o tal vez no quiero)
Y además, como vienen .. también se van. Porque las emociones no son para siempre.

Y es otra cosa por la cual tampoco tengo el control.
Sentirlo y dejarlo ir.
Así como las olas del mar… que van y vienen.