IMG_20180827_131629693Volver a las raíces. Soy una convencida de que somos pajaros que vuelan toda una vida. Buscando, encontrando, perdiendo… volviendo a buscar. Pero, parece ser que existen momentos culmines del viaje donde es necesario volver a la raíz. El problema de las raíces es que dan esa sensación de estancamiento, de pausa, de no avanzar.. Volver parece dar esa sensación de retroceder… Volver? Si las raíces siempre van con nosotros a donde sea que vayamos.

Si. Son parte de nosotros.

Es justamente por esto que a veces es necesario, no.. es urgente  “volver a pasar”. Y esa urgencia esta marcada por tiempo divino, porque cuando llega no la entendemos bien. La despreciamos. La sentimos una jugada del mundo.

Pero en realidad, este es el momento donde el universo te para, y te muestra que, alguna lección, faltó aprender. Porque algo quedo por aceptar. Aceptar.. para soltar y poder ir mas liviano. Seguir viaje. Con mas fuerza.. con esa fuerza y esa entereza que da el saber que uno va con cicatrices pero va  liviano, tranquilo, que ya nada pesa…  que no existen deudas, ni deudores.. que al final uno aprender a vivir lo que toca y lo que importa es lo que vos hagas con eso. Y si te sale hacer lo mejor, mejor.

Porque la vida también enseña que ahí donde dolió, también sano.

¿Cuántas veces vas a tener que volver, para poder irte realmente?

Cuarentena mood.

Por todos lados se lee, se escucha… Hasta me atrevo a decir que se siente: el mundo está cambiando y no es novedad.
De un día para el otro, todos los planes, las expectativas, los sueños… Todo se paralizó. Entramos en una suerte de letargo largo… El pasado, y el futuro se anularon.

La incertidumbre ganó terreno:  ¿Qué va a pasar? Hasta cuándo seguiremos así? ¿ Volveremos a la normalidad?
La única certeza que tengo es que nadie (ni nada) será igual después de esto. Nadie sale de una tormenta siendo la misma persona.

Y que suerte !

Un ejercicio que comencé a entrenar hace ya un tiempo: Intentar ver en el problema alguna oportunidad.

Ahora bien, ¿Qué oportunidad puede haber detrás de la enfermedad ? Cuando nos tocan lo más valioso, y a la vez inseguro, que tenemos… La vida.

Pues bien, la oportunidad, la encontrará cada uno desde el lugar que le toca vivirla.
Como una suerte de ayuda,  Lo primero que se me aparece en la mente, es la palabra Cuidar. 

Cuidar-me , cuidar del otro, cuidar del que tengo al lado. Mirarlo y no pasar como que si nada. Entender que todos estamos, en algún punto, en sintonía. Viviendo está lección.

Luego hago mucho hincapié en agradecer. Todos los días por estar y por tener. Sabiendo que hay realidades  más vulnerables alrededor mío.

Por otra parte, está pausa, está anulación de “futuro” este vivir día a día, me está dando la oportunidad de estar más que nunca en el presente. Hoy vivo. Hoy estoy. Mañana vemos.

Tan acostumbrada a la inercia de la rutina, al ir con la mente más rápido que la misma realidad. Llena de todo tipo de ansiedades.
Por fuerza del mundo, el universo y de la naturaleza (tan sabía y que tanto ignoramos) debo soltar el control de absolutamente todo. Wow. Que golpe de humildad y paz que me están dando.

Asi que, pongo foco en el hoy, e intento apagar mis preocupaciones por mañana.

Porque es lo único seguro que tengo. Porque hoy, es donde y cuando, puedo vivir, amar, y desear.

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Sentirlo y dejarlo ir.

Las emociones son como ese estuche de primeros auxilios que necesitamos cada vez que nos pasa algo. El problema es que nadie nos enseña cómo utilizarlo bien. Y muchas veces, peleamos contra ellas.

Cada vez que una emoción se precipita sobre mi, de manera intensa y brusca (porque así es la logica de su funcionamiento) a penas la detecto ya la quiero apagar. Me la quiero sacar de encima. Me armo toda una historia para no darle lugar. Y es muy curioso como, mientras más me peleó con ella, más insiste en volver. Más me demuestra que no puedo pelear conmigo misma. Que ella también es parte de mi. Es muy fácil decirlo pero la práctica es mil veces más compleja a mi entender.

Dar el lugar a sentir. Dar(me) el lugar a que esa sensación, por más que lógicamente no me agrade, o no este de acuerdo con ella, tenga su momento de ser. Porque si esta es por algo. Hay algo que quiere informarme, hay algo que no estoy viendo (o tal vez no quiero)

Y además, como vienen .. también se van. Porque las emociones no son para siempre.

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Y es otra cosa por la cual tampoco tengo el control.

Sentirlo y dejarlo ir.

Así como las olas del mar… que van y vienen.

 

 

 

Todas las cuentas pendientes que queden con uno mismo siempre, siempre persisten. Hasta que no se salden, no se van.

A veces a modo de enfermedad, ansiedades, miedos, conflictos vinculares, monotonía y aburrimiento, o esa sensación de vacío con nuestra rutina. Una suerte de GPS que nos indica cuando hay que parar. Dónde tenemos que mirar.

El cuerpo nos habla. En cada situación que vivimos, en cada sincronía, la vida nos está hablando. Nos está diciendo por dónde es, y por dónde no es. Porque como es adentro es afuera. Y todo sucede en el momento justo de ser..

Es ahí, en esas heridas, que alguna vez dolieron tanto que nos paralizaron a tal punto de enterrarlas. O esas heridas, transgeneracionales, que a modo de patrones surgen en nosotros sin entender bien como o por qué. Que también son compartidas por ancestros, que han marcado el linaje.

Porque todo está conectado. Somos un todo integrado. Conectado. Cuando caemos en esa ilusión de control, de separación, cuando nos escindimos y dividimos la realidad para poder manejarla, ahí perdemos.

Depurar, limpiar, re vitalizar, ir hacia lo más profundo… la herida quiere cicatrizar. Y nos exige estar íntegros, conectados en mente y espíritu. Y dejar(nos) llevar…

Luna llena en ♉

Existen conexiones que son verdaderas. Cuando digo eso, me estoy refiriendo a las que se dan cuando dos personas conectan desde el alma, desde la parte más luminosa que existe en cada uno. No desde la carencia, o del ego o de la necesidad de tener o poseer.

Me gusta pensar que estás conexiones existen para siempre… es tal la vibración energética, que quedan plasmadas En la memoria, en la mente, en el cuerpo.. cuando suceden, es como si nos atravesara una tormenta fuerte e imparable, imposible de controlar. Pero he aquí, el punto de quiebre. Cuando escapa nuestra sensacion de control, e increíblemente eso es lo mejor que nos pudo haber pasado. Porque no da miedo, sino que da calma, da paz, da plenitud… Dejarse llevar, extrañamente, nunca se sientio tan bien.

Y si luego si termina, tampoco importa mucho. Porque vos bien sabes, que si me buscas, siempre vas a sentirme en tu piel..

Y también que será difícil encontrar la misma sensación. Porque las conexiones reales, no se dan muchas veces en la vida. Y uno sabe que no vuelve a ser el mismo que era…

Por eso, siempre se agradece coincidir en el viaje.

Primavera.

Luna nueva en libra ♎ reconectando(me) para reconectar(nos)

Florecer.


Mirarte. Mirarnos. Pero verte de verdad. Sin prejuicios. Sin dobleces.
Darnos las manos. Confiar. Emprender este viaje juntas. Quien sabe. Tal vez llegamos lejos. Tal vez no… Pero lo intentamos. Y lo dimos todo, de verdad. De corazón.
Nos abrazamos. Nos despedimos.
Sabemos que algo cambio para siempre.. Es que cuando tocas con el alma, todo se transforma.. sólo me queda agradecer por este aprendizaje. Y seguir viaje.

Reflexión de invierno.

Hay veces que la vista se nubla, los problemas pesan más que de costumbre. La llama interna parece apagarse.. como si nos hubieran echado un baldazo de agua fría.

Hay días que mi alegría, esa que llevo puesta todos los días, necesita descansar. O se esconde de mi por un rato. Como la extraño! Detesto no vivir mis días así. Es que también debo entender, que sentirse cansado, caído, decepcionado, hasta un poco enojado, también es parte de vivir una vida completa, intensa, variada y rica.

Sé que un día así, no cambia mi esencia. También sé que es parte del equilibrio del universo tenerlo.

Pero como una nena que le niegan su dulce, así me pongo. Caprichosa. Testaturada. Molesta.

Que impotencia me da a mí, que elijo todos los días vivir mi vida positiva y alegre, que me toquen vivir estos días medios apagados, fríos, nublados… Ah! tal vez es por eso que nunca me ha gustado el invierno.

Mi fuego interno pide pausa. Saca el comodín y se resguarda de mi. Se esconde. Me enseña a vivir la vida desde otro lugar, también real. Me enseña a aceptarlo.. otra vez me dice que no puedo tener el control de todo, ni siquiera de el.

En estos momentos, respiro, tal vez, es momento de soltar alguna que otra lágrima pendiente que quedó por ahí.

Me hundo en mi cama y espero con mucha fe que mañana sea otro día.. Con más calor, con más sol, con más fuego, con más alegría. De esos que me gustan vivir.

En esos que me siento más yo que nunca.