El corazón es caprichoso. Como un niño de 5 años que quiere algo y no deja de pedirlo hasta que se lo dan.
El corazón es caprichoso cuando se embriaga del placer, de la satisfacción y la completitud que le genera el sentir amor. Y el sentirse amado.
Muchas veces cuando no prospera… el corazón no lo entiende. Se encapricha en eso que alguna vez sintió… Como si no fuera a sentirlo nunca más.
Como si no existieran otros seres que pudieran generar eso. O inclusive algo mejor.
A veces, todos, nos podemos sentir un poco encaprichados también. Pero en ese mismo momento donde me encapricho, me peleo conmigo misma, porque ¿cómo yo me voy a encaprichar? eso no es posible para alguien racional. Para alguien que sabe lo qué quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere.
Amigarse con los caprichos del corazón es urgente. Es necesario. Porque una vez que te amigas, y los transitas, como una parte más tuya, de tu sentir, empiezan a integrarse en tu ser y comienzan a pasar…
Porque todo lo que se acepta, te transforma.

Mucha verdad
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