
Todavía recuerdo el temblor de mis piernas cuando mi avión aterrizaba en el aeropuerto de Valencia. Mi cabeza, un poco embotada después de tantas horas de viaje, mi espíritu curioso y expectante por todo lo que me iba a tocar vivir durante esos 6 meses, no me daba tregua.
Como una caricia/mimo del universo, cai en la casa indicada. Mi familia española, chiquita, pero rebosante de alegría y amor me adoptó y me convirtió en española en tan solo dos segundos.
Hoy era mi cena de despedida. Después de medio año juntos, era tiempo de regresar.
Durante la cena recordamos y nos reíamos del momento en que llegue.. todo lo que no sabía y ellas me enseñaron.
Increíble era pensar que el tiempo se había pasado tan rápido… Y que en realidad se sienta como si toda la vida hubiéramos cenado juntos.. todos coincidimos en que más allá de las diferentes vidas, religiones y culturas.. al final, somos seres humanos y que solo basta una palabra de atención, una escucha empatica, y una mirada sin prejuicios hacia la vida, para superar los límites del espacio y la cultura, y conectar. De manera real. Entre risas y charlas, Juani (mi madre española) sirvió el Asado que cocino para mi ( al menos hizo el intento) para regalarme algo con gusto a hogar. O en realidad, era para decirme que en Valencia también tenía un hogar.. de esos que te sirven tu comida favorita.
Y de repente las hojas verdes y brillantes se tornan amarillas, y de repente no paran de caer…Y llegó el momento De meterse un poco para adentro y ordenar el Placard.. De encontrar ese calor interno.. es que afuera ya hace frío.Y resguardarse es urgente.

