Y ya no quiero provocar el desencanto
Con tanta risa, con tanto llanto
Pero me muero por saber qué estás pensando
Cuando la lluvia te está mojando..
Soy psicóloga, escribo y tomo fotos. En un intento incansable de apreciar la vida y expresar mi sentir.
Y ya no quiero provocar el desencanto
Con tanta risa, con tanto llanto
Pero me muero por saber qué estás pensando
Cuando la lluvia te está mojando..
Habitar el deseo, caminarlo, hacerlo carne.. me ha llevado a los lugares mas hermosos y satisfactorios de mi vida. Sentir ese impulso dentro mío que me dice «es por ahí», lograr aceptarlo, y tomarlo con compromiso… porque no basta con solo desearlo, sino que hay que construirlo. Tengo claro que, independientemente cual sea el resultado, con cada acción, pensamiento y emoción nos acercamos o nos alejamos a aquello que nos mueve. Nada me parece mas perfecto que la coherencia que se proyecta en la conjunción de esta triada, cuando esta dirigida hacia la construcción de ese anhelo. Nada facil, eh? Es como alinear los planetas para que el milagro suceda..
Nada moviliza mas que ese salto cuántico que hacemos al desear, al proyectar, al imaginar.. Llegado el momento, luego del trabajo hecho, también es parte del proceso, soltar… y la clave esta en disponerse a recibir. Todo un proceso de alquimia.
Existe la contracara de este proceso alquímico, y es el poder tolerar y habitar los no sé; los no sé qué hacer o qué camino tomar.. no saber qué es eso que te moviliza desde tus entrañas. Para quienes intentamos ser lo mas fiel a nuestra autenticidad, este momento puede llegar a ser muy frustrante. Esta espera… este no saber hacía donde dirigir todas las energías, puede llegar a ser aun mas agobiante que el mismo proceso de construcción.
Y es que nuestra mente humana, juega a enredarnos.. en esos momento, (el cual estoy transitando) como respuesta decidí bajar de mi mente al cuerpo. Cambiar de registro, habitar esta duda sin cuestionarla, ni enredarla aun mas. Y es que, reavivando fuertemente las sensaciones que provienen de lo mas terrenal, de la naturaleza que nos habita, podemos intentar refinar y calibrar la intuición. Conectar con la naturaleza, con todo lo que nos rodea, me parece esencial. La natura es perfecta y acabada en si misma, dejarnos impactar por esa perfección nos permite conectar con mas profundidad.
Y así dejar que el deseo y su camino, me encuentre.

Cada momentos de este ciclo es totalmente necesario. Nada podemos saltearnos.. y así otra vez, recuerdo que no hay invierno tan frío, ni pesar tan grande, aunque de a ratos sienta que me carcome el corazón.
Y de repente el miedo se esfuma y la angustia se transforma en tranquilidad y alegría. Y de repente, calma. Esa calma de saber que todo esta obrando en perfecto orden. Esa calma de saber que nada ni nadie, podrá evitar que, la primavera, florezca otra vez.
Y así, confiar y florecer 🌸🌼🦋

Cuando de verdad hago espacio y dejo que las cosas sucedan como tengan que suceder… Cuando en un acto de profunda humildad me dejo sorprender por la vida, por el universo, por dios…
Ahí es cuando sucede la magia de lo inesperado. Cuando me sorprendo de lo que pasa… y de repente, me encuentro envuelta en momentos inéditos de goce, de amor, de ternura, de alegría.. Ahí cuando me entrego con toda la intensidad a vivirlo, sin prejuicios, sin reglas ni expectativas… simplemente siendo y dejando ser… Ahí es cuando dejó pasar la vida a mi alma y a mi cuerpo.
Y qué lindo se siente estar viva.

Lo mas lindo de los atardeceres es que nos recuerdan que ninguna oscuridad es para siempre.

Llegar a ser una de esas persona que transmite luz, «buena energía», poder dejar cosas lindas a quienes se cruzan en nuestro camino no es casualidad. Llegar a ese estado de desapego, de libertad, de autenticidad, requiere de mucho trabajo. De mucha alquimia y transformación. Llegar a ese estado de plenitud, requiere de antes, andar y desandar los caminos mas oscuros de nosotros mismos.
Nos tenemos que sentar ante nuestra oscuridad. Sentirla, vivirla con paciencia. Llorarla.
Y sin querer hacerle honor al sacrificio o al sufrimiento, es que simplemente la oscuridad también es parte de esta hermosa experiencia humana, de esta vida que tanto amo. Muchas veces me escucho decir «yo amo la vida», entonces, también me toca amar esas partes que no me gustan, que me duelen. Es que, como buena luchadora que soy, me peleo con todo lo que no me gusta, con todo lo que me parece injusto. Pero en estos casos, pelearla no esta indicado. Porque a la sombra, al miedo, al dolor, no hay que pelearlo, no hay que querer controlarlo. Simplemente hay que soltarlo. Observar que nos enseña, que nos dice..
Y así, con el paso del tiempo, se va. Solo, se va. Porque mientras mas me resisto, mientras mas lucho, mas persiste.
Si amo la vida, tengo que aprender a amar las partes que no me gustan de ella. Como con las personas. Uno se enamora de lo lindo, pero también, en algún punto, tiene que querer lo no tan lindo. Todo a su justa medida, no? En equilibrio, como el ying y el yang.
Después de mucho tiempo, por fin creo que entendí por donde era. Bah, creo que lo empecé a aceptar un poquito más: abrazar lo que me da miedo. Enfrentarme a mi oscuridad transitándola con mucha calma, con mucha paz, en silencio. Con mucho amor también.
Por eso, para quien sea que le llegue este mensaje, e inclusive me lo digo a mi misma: hoy deseo que te animes a todo aquello a lo que te resistís.
Indagando en profundidad en diversos conflictos tan comunes y reiterativos a lo largo de la historia de la humanidad, algunos de los cuales me han atravesado en primera persona, otras capaz de lejos por la historia de esta amiga, o de tal primo.. Caí en la cuenta que la base de cada uno de ellos, o creo me atrevería decir de la mayoría, provienen del miedo.
¿Cuántas veces dejamos de estar en ese lugar que nos hizo sentir tan bien, porque algo salió mal? Y claro, ante el miedo intolerable de sufrir por amor, por la soledad que me pueda traer esa ausencia, uno huye despavorido justificando que «por ahí no es». Y lo dice una experta, porque donde entro, siempre lo hago preparada de antemano para huir. ¿Cuántas veces no mandamos ese mensaje por miedo al rechazo, cuantas veces no hablamos cuando de verdad extrañábamos hacerlo?
Por otro lado, también existen las personas que, por miedo a una soledad inquebrantable, justamente se quedan en lugares donde ya no son, no crecen, sistemas que quedaron obsoletos, pero que al ser conocidos y brindar «seguridad» , nos protegen de ese miedo al encuentro con uno mismo, y todo lo que esto conlleva: pasiones, nuevos sueños, nuevas formas de amar, sombras, profundos dolores… No se van cuando deben hacerlo, y se quedan a marchitar..
Me preguntó, ¿cuántas veces no damos ese salto que veníamos esperando, que deseábamos? conseguir ese trabajo nuevo que no nos promete estabilidad pero si, nos muestra un rayito de libertad y motivación. Cambiar de carrera, vender nuestros servicios que pensábamos que jamás nadie les iba a dar valor.
Por miedo también discutimos y peleamos, y hasta llegamos a herir a seres queridos muy importantes para nosotros, simplemente porque se nos presentan como seres humanos diferentes (gran golpe de realidad al ego cuando me doy cuenta que cada ser es un otro, distinto a mi, y que eso NO ESTA MAL, no? ) o salen de nuestras creencias de «cómo debería ser..» y el miedo irremediable a perderlos, a que no nos quieran como nosotros queremos, a que nos dejen, a la separación… acecha y saca lo peor de nosotros para defendernos.
Porque ante el miedo, el cerebro esta programado neurológicamente para dos respuestas: la lucha o la huida.
Y sentir miedo es tan humano. Tan humano que desde que nacemos, lloramos ante la desprotección que este mundo terrenal nos presenta. Y ufff, uno va creciendo y esa sensación de desprotección parece no cesar.
Yo soy una miedosa por definición. Y cada vez que me doy cuenta que actuó desde este lugar, me culpo, me enojo, porque se que nunca tengo buenos resultados, nunca termino bien. Porque pierdo la oportunidad de disfrutar, muchas veces pierdo la oportunidad de amar, cuando de alguna manera, ya me veía involucrada, porque me limito. Y no vivo.
Y cada vez, que puedo hacer el click y actuar desde el amor, generar esa sensación de confianza en cada decisión que tomo, no solo que reafirmo mi ser, mi humanidad, mi espíritu, sino que también dejo desplegar mi esencia y simplemente SOY, a pesar de todo y a pesar de todos. Soy a través de esta experiencia humana, me saco las etiquetas, las creencias limitantes y permito que la vida me muestre la infinidad de caminos que se pueden abrir ante mi. Soy sin culpas, sin exigencias, sin pretensiones, sin importar lo que los demás digan o piensen.
Y así, cuando uno se para desde el amor, puede elegir mejor que batallas dar, por cuales vale la pena luchar y cuando es necesario huir y emprender otro camino.
«Más allá de todo, te entregaste»
Una de las frases que recitaban las canciones religiosas en estas vísperas de pascuas y la resurreción de un señor, bastante famoso y nombrado en muchas causas, Jesús. Frente a mi poco conocimiento religioso, ya que a mi búsqueda personal siempre me gusto definirla más espiritual, porque me cuesta adherirme completamente a un dogma, que al fin, es creado por seres humanos…. pero pensando en los acontecimientos históricos y en este finde semana santo, me preguntaba; ¿cuántas veces en nuestras vidas, en diversas situaciones, nos entregamos más allá de todo? Tomando (humildmente) el ejemplo de Jesus, quien cargo su cruz y se entregó mas allá de todo y por todos..
En esta época post-moderna que transcurre , y no nos vayamos muy lejos, en nuestro día a día, en lo cotidiano la vida nos pide ese salto de fe.. como quien diría, ese dejarlo y darlo todo sea por un ser querido a quien amamos profundamente, un amigo que nos necesita, un amor que, como en todo vinculo, lo imprevisible se juega y no tenemos la certeza de si va a «funcionar» pero que, nos detiene el corazón, el tiempo, y del cual no nos dan ganas de despegarnos más. También me imagino dejándolo todo por un sueño, un trabajo y una vocación… muchas veces hasta un ideal.
Todos los días de nuestras vidas, se presenta la oportunidad de decidir, y existen esos momentos culmines que nos exigen entregarnos. En nuestra condición finita y mortal, sin saber qué o cómo sucederá a ciencia cierta… solo está el por qué, el propósito, el amor que nos mueve.. y así, saltar. Entregarnos.. a pesar de las dificultades, del miedo, del qué dirán, de quienes nos juzguen o nos amedrenten en el camino…
¿Cuántas veces nos entregamos al 100 % por quienes o por eso que amamos? Será que entregarnos más allá de todo, es vivir esta experiencia humana entregándonos a la vida, a su sabiduría, a ese todo que nos sostiene, algunos le diremos Dios, otros le dirán amor, universo… ¿lo hacemos, o no?
«Me gusta este hogar que es mi piel,
saber que mi fuerza radica en mi cabeza
y que en mi pecho laten constancias.
Me gusta saborear ciertas historias,
pero jamás me trago los cuentos.
Disfruto tenerte entre mis dedos,
sin la necesidad de quererte en mis manos.
Y que la libertad sea sincera,
y así yo vuelva, y tú regreses. «
Acappella.

Y que si nos vamos a querer, que sea sin peros, sin vueltas, sin contradicciones.
Y que si te voy a querer, será con luz y con sombra. Y con verdad. Con esa verdad que te encuentra y de la cual no podes salir indiferente.
Y que si nos vamos a querer, sea con esa intensidad de las que traen calma, traen paz. Esa paz de rendirse. De saber que puedo irme y que siempre voy a tener brazos a donde volver. Porque se siente como en casa. Porque se siente como lo que estaba necesitando y ni siquiera lo sabía.

Después de presenciar un cielo así, como no pensar que todo es tan perfecto? Cada momento y circunstancia, cada no, cada tristeza… todo es absolutamente necesario. Todo lo que viví, cada paso, cada abrazo, cada despedida… todo me hizo ser quién soy hoy. Y en un mundo, que muchas veces es hostil, doloroso, imponente del «deber ser», de la fabricación en serie.. expresar, de alguna manera la autenticidad de cada uno, es un acto de grandeza. En este segundo de vida, este mismo que estoy viviendo aquí y ahora, con todo el poder de decidir, elijo la verdad, elijo ver, elijo mostrarme, aunque eso también signifique ser vulnerable. Quiero nutrirme de todo lo que se me presente, ser creativa, salir a este mundo loco, muchas veces injusto pero a veces tan hermoso. A veces siento que lo que soy es suficiente, a veces no. Pero sé que es parte de este proceso.. de vivir. Enamorarme de esta vida, como si esta fuera la última chance, el último juego. Porque la única forma de ganarle una batalla a la muerte, es viviendo hoy.